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ONSIDERA,
por un momento, la forma en que un papá
disfuncional trata a su familia. En vez de
ser un buen padreagradable, amoroso hacia
los demás, compasivo, humilde, y siempre
devolviendo una bendición por un insulto (ver 1 Pedro 3:8)él
provocará a su esposa y a sus hijos con arrogancia y argumentaciones.
De una manera u otra, sutil o abiertamente, los abatirá con sus
críticas y reprobaciones. Él jugará jueguitos
de mente con ellos, negando los sentimientos de ellos, incluso mientras
se les sonríe.
En su arrogancia, él
rechaza la realidad de sus hijos. Esa denegación va a herir a sus
hijos profundamente. Pero, como los niños no pueden ir en busca de
otro padre, y como carecen de la capacidad sicológica para entender
los jueguitos mentales a los que están siendo sometidos, el dolor
será conducido muy dentro de sus inconscientes, obligándolos
a defenderse internamente e intelectualmente. Ellos aprenderán por
sí mismos a suprimir sus verdaderos sentimientos. Mirarán al
mundo con cinismo. Y el residuo de esa actitud defensiva continuará
a afectar, aun en la adultez, todas sus relaciones
interpersonales.
Esta continua dinámica
se verá especialmente en la forma en que estos adultos ahora tratan
a sus propios hijos.
Quizás tú
eres uno de esos adultos.
En vez de dar validez
a la realidad del dolor de tus hijos, tiendes más bien a negarlo.
Cuando un niño está adoleciendo, tiendes a decir, No
es tan malo. Deja de quejarte.
¿Qué les
hace esto a los niños? Pues, ellos conocen muy bien la realidad de
su dolor. Y ellos saben muy bien que tú lo está negando. Así
es que, pierden confianza en ti. Y entonces ellos inconscientemente
desarrollarán formas de seguir poniéndote a prueba con sus
comportamientos, tratando de conseguir que tú por fin
reconozcas su realidad. Y mientras más tú los ves como un fastidio,
más ellos te ven como un fracaso.
Entonces, ¿cuál
es la forma apropiada para ayudar a que los niños sanen de su
dolor?
PRIMERO,
dale validez a su realidad.
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Para heridas
corporales, di algo semejante a esto: Si, duele, ¿verdad?
¡Y, ah, mira esa sangre! ¡Que buena sangre de rojo intenso!
¡Estas sangrando bien! |
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Para heridas
emocionales, hable sin rodeos, y nunca trates de proteger a los niños
escondiéndoles la verdadtenlo por seguro, ellos ya, tienen una
buena idea de (qué es) lo que está pasando. Lo único
que necesitan de ti es la verdad, para que ellos no tengan que inventar sus
propias explicaciones imaginarias que encajen con la situación. Tú
podrás decir, por ejemplo, Si da miedo, ¿verdad? Abuelita
está en el hospital porque los doctores piensan que tiene cáncer.
Por ahora, no sabemos nada más. Habrán pruebas médicas
en los próximo dos dias. |
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SEGUNDO,
enséñales a confiar en Dios y enséñales que todas
las cosas aún el dolorpasarán.
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Para las heridas
corporales, di algo semejante a esto: Vamos, no dolerá para
siempre. El sangrado se detendrá cuando este listo para detenerse.
Así es que vamos a decirle una oración a Dios para tu
sanación y luego iremos a hacer lo que sea necesario para limpiar
tu herida. |
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Para las heridas
emocionales, no mienta diciendo que todo va a estar bien. Mejor, admite
que en realidad tú no sabes qué es lo que podría pasar
después y enséñales a los niños a orar y a confiar
en Dios. Si, abuelita puede morir. Por eso, vamos a orar para que ella
se ponga bien. Pero pase lo que pase, tenemos que confiar que Dios nos va
a proteger y nos va a ayudar. |
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¡Que regalo para
un niño! Verdad y Fe.
¿Cuántos
de nosotros nunca recibimos estos regalos? Y que embrollo tan adolorido es
nuestro mundo por ello.
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Cuando
buscan mi ayuda en medio de una crisis de familia, los padres con frecuencia
me admiten que ellos les han escondido la verdad a sus niños. Y enseguida
aclaran, Lo hice sólo para protegerlos.
Pues,
no puedes proteger a los niños escondiéndoles la verdad.
Únicamente puedes protegerlos enseñándoles a confiar
en la protección de Dios. |
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