The Blessed Virgin and Saint Anne, adapted from a photo by Paul Flores; used with permission.

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Sanación Sicológica
en la Tradición Mística Católica Romana

Cuatro Pasos Hacia la Humildad

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Humillación | La Diferencia Entre Humildad y Masoquismo | Reconocer las Emociones | Reconocer Defensas Sicológicas | Entender Como el Pasado “Vive” en el Presente” | Aprender Conductas Nuevas | Resumen

 
Algunas personas cuestionan qué relevancia tiene la humildad con la vida moderna. Preguntan, “¿No es la humildad igual al masoquismo?” Pues, no, no lo es. Vamos a ver por qué.

 
Humillación

Muchas familias están lejos de ser perfectos. Aún papás católicos que son devotos, con frecuencia les fallan a sus hijos de una forma u otra. Usualmente estos fallos son más-o-menos expresiones “normales” de la fragilidad humana, pero se pueden tornar en formas de disfunción de la familia, alcanzando el alcoholismo, la infidelidad, y arrebatos de ira o violencias que hasta llegan al puro abuso emocional, físico o sexual hacia los niños.

Entonces, si miras hacia atrás a tu vida con honestidad, podrás ver momentos cuando de niño te sentiste humillado. También podrás ver cuando te envolviste en una situación mala. Esto no quiere decir que deliberadamente querías sufrir; únicamente indica que las personas con frecuencia escogen lo que conocen sobre lo desconocido. Es decir, para los niños que han experimentado alguna forma de humillación o abuso en sus familias, aunque el abuso y la humillación no son agradables, son conocidos y previsibles y, en este sentido, son confortables. Y esto es, en pocas palabras, el masoquismo: preferir (desear) inconscientemente la humillación porque es más “confortable” que el enfrentar lo desconocido con verdadera responsabilidad personal.

Técnicamente hablando, ésta es la distinción entre el deseo (inconciente) y el querer (consciente). Aunque suene extraño, por causa de los conflictos inconscientes escondidos, tú muy bien puedes desear algo que ni siquiera quieres. Y la verdad es que si no resuelves este aspecto de tu inconsciente, continuarás haciendo cosas desagradables. La compulsión inconsciente para el auto-castigo y para la humillación continuará arrastrándote a situaciones malas, aún cuando conscientemente no las quiere de ninguna manera.

¿Y cuál es la motivación para todo este dolor auto-infligido? Es la esperanza velada de que tú mismo puedes hacerte sentir amado. Así es; es la esperanza de que los demás, al ver cuánto dolor estás dispuesto a sufrir, de alguna manera puedan darte reconocimiento. Entonces, al verte reflejado en sus ojos, tendrás la satisfacción de sentirte amado.

Esta esperanza de llegar a sentirte amado nos trae la diferencia clara entre la humildad y el masoquismo.

 
La Diferencia Entre Humildad y Masoquismo

El vivir en humildad es vivir siempre en total confianza en el amor de Dios, en su protección y dirección, por tanto, es no tener preocupación alguna cuando los demás te insulten . . . o te alaben.

En el masoquismo, por otra parte, tú invitas a que otros te insulten porque, como una defensa psicológica en contra del dolor de las profunda heridas emocionales, tú recibes placer inconsciente en ser degradado en la esperanza secreta de que tú, de alguna forma, algún día, ganarás la admiración de alguien por tu disponibilidad a soportar abuso doloroso.

Así pues, mientras que el masoquismo y toda humildad falsa oprimen el alma, la humildad genuina trae iluminación al alma y la libera de todo aquello que puede obstruir su servicio a Dios.

Santa TeresaAhora pues, estén alertas hijas, a ciertos tipos de humildades dadas por el demonio en donde se sienten grandes inquietudes por la gravedad de nuestros pecados. Estos disturbios pueden afectar, de muchas maneras, hasta el punto de hacer que uno se prive de recibir la comunión y de practicar oración particular. Estas cosas lo dejan de hacer porque el demonio las hace sentir indignas. . . . La situación se pone tan grave que el alma piensa que Dios la ha abandonado por lo que es; casi duda de su misericordia . . .
     La humildad no causa disturbios o inquietudes o agitaciones por mas grande que sea; trae paz, deleite, y calma. . . . El dolor de la humildad genuina no agita ni aflige el alma; más bien, esta humildad la expande y la capacita para servir más a Dios.

—Santa Teresa de Ávila
Camino de Perfección, 39:1-2

Por lo tanto, la humildad es en realidad un signo de gran valentía y entendimiento espiritual profundo. En la humildad no hay temor. En la humildad no hay timidez. En la humildad existe únicamente confianza; confianza, no en sí mismo, sino en la amorosa protección de Dios.

Revestíos todos de la humildad en vuestras mutuas relaciones, pues Dios resiste a los soberbios y da la gracia a los humildes. Humillaos, pues bajo la poderosa mano de Dios para que, llegada la ocasión os ensalce. Confiadle todas vuestras preocupaciones pues Él cuida de vosotros.

—1 Pedro 5: 5b-7

El proceso sicológico necesario para obtener el estado de humildad consiste de cuatro pasos.

 
1. Reconocer las Emociones

No solo es necesario saber que tienes emociones sino también reconocerlas y nombrarlas.

Algunas emociones son placenteras—como cuando uno se siente confiado, confortado, en paz, relajado, gozoso, etc. Algunas emociones son desagradables—tales como sentirse indeseable, desapercibido, rechazado, feo, abandonado, incomprendido, impotente, estúpido, etc.

Ten cuidado de no caer en el error de deliberadamente entregarte a placeres sensoriales solo para sentir placeres emocionales. Tu tarea es sentir todas las emociones, incluso aquellas que son desagradables. 

Aprender a reconocer tus emociones puede ser trabajo duro, así que procura convertirlo en una forma de oración contemplativa. Reserva tiempo de reflexión para preguntarte que es lo que sientes en esos momentos y que has estado sintiendo recientemente. Utiliza una lista de emociones comunes como ayuda.

 
2. Reconocer Defensas Sicológicas

Tienes que entender que has estado utilizando inconscientemente unas astutas defensas sicológicas para empujar fuera de la conciencia todas esas emociones desagradables y de miedo que te hirieron en la niñez.

Como una forma de obstruir las emociones desagradables y espantosas, muchos niños echan fuera cualquier conciencia de las situaciones que les causan esas emociones. Como consecuencia pierden conciencia situacional y conciencia física, osea, del cuerpo. Quizás siempre se tropiezan con objetos y tienen accidentes. Quizás no se pueden percatar de los estímulos emocionales que le transmite las demás personas y por eso carecen de empatía. Quizás ellos no pueden percibir la belleza de la naturaleza, y por eso, carecen de asombro. Quizás desarrollan desórdenes alimenticios como la anorexia u obesidad.

Si hay problemas de la conciencia física, practique una técnica sicológica llamada autogénica como guía.

Como otra forma de obstruir las emociones desagradables y de miedo, muchos niños sencillamente anulan todas sus reacciones emocionales enfocando en las realidades de la razón y el intelecto.

El aprender a reconocer tus defensas sicológicas puede ser tanto trabajo como el que se toma en primer lugar, reconocer tus emociones, así que haz que esta tarea sea en forma de escrutinio en oración. Tómate el tiempo necesario para recordar las cosas que pasaron en tu niñez y pregúntate cuáles emociones probablemente sentías en esos momentos y reflexiona en las defensas de las que te valistes para protegerte de las emociones desagradables. Usa una lista de defensas sicológicas como guía.

 
3. Entender Como el Pasado “Vive” en el Presente

Ya que has aprendido como reconocer tus emociones y las defensas que utilizas contra ellas, tu próxima tarea será entender que el pasado esencialmente continua viviendo en el presente; eso es, cuando en el presente experimentas estímulos emocionales, tu inconsciente te empujará a responder a esas emociones de acuerdo con tus viejas defensas sicológicas.

Así que verás que todas esas emociones de disgusto y de miedo que tú has estado empujando fuera de tu inconsciente toda tu vida son las causas secretas de todos tus problemas y conflictos que has estado experimentando toda tu vida. 

De la misma forma que un niño que no entiende el concepto de sucio y enfermedad se opone a bañarse, así las personas que no creen estar gobernadas por las defensas inconscientes resistirán la purificación espiritual. Cuando son confrontados por tribulaciones personales—tal como un matrimonio dificultoso, o una enfermedad—tienden a buscar una manera de “eliminar el problema.” ¡Y qué oportunidad tan desperdiciada! Si tan sólo miraran dentro de si mismas con profundo escrutinio, para poder reconocer y luego remediar los conflictos inconscientes que mantienen vivo el problema, ellos podrán ver que esa tribulación es la manera en que Dios los llama a vencer debilidades viejas y desarrollar virtudes nuevas.

Lea un pasaje sobre la falsa paz espiritual 
por San Doroteo, abad
 

 
Por eso, examina tu vida muy detenidamente para que hagas una conexión consciente e iluminada entre tus emociones suprimidas y tus problemas de comportamiento de ahora. (Si miras con cuidado, encontrarás fantasías de grandiosidad, venganza, y sexualidad que corren por tu mente con frecuencia, y, que éstas fantasías pueden llevar a que actúes de una forma que, pues, no es apropiada para un cristiano.) Este escrutinio te enseñará como tu vida, hasta ahora, ha sido controlada mayormente por repetición inconsciente de los conflictos emocionales viejos.

 
4. Aprender Conducta Nueva

Adiestrado ya en los pasos previos hasta el punto de reconocer con facilidad cómo el pasado esencialmente continúa viviendo en el presente, tienes que hacer un esfuerzo consciente para resistir la tentación de caer en los viejos patrones de defensa, y (tienes que) entrenarte para que actúes con nuevos y diferentes comportamientos.
 
No te engañes: esto es una tarea ardua.
 
¿Cuántas personas dicen, ¡“Jesús, en ti confío”! como parte de sus oraciones? ¿Y cuántas de éstas mismas personas entran en pánico agudo cuando alguna dificultad o prueba los aflije? Inmediatamente quieren alguna satisfacción, alguna paga de la persona que los hirió, al menos algun tipo de compensación. Y actuando así, ellos se olvidan totalmente qué cosa es el cristianismo: tomar tu cruz en imitación de Cristo.
 
Por eso, es esencial que tú te entrenes para tomar una decisión disciplinada en el momento, para entender y resistir las fantasías defensivas pasajeras y en su lugar aguantar el dolor y el sufrimiento con gracia, imitando a Cristo, con misericordia y perdón. En cualquier momento difícil, tú, como niño asustado, pensarás primero en proteger tu orgullo, pero es ahora, con un acto deliberado de la voluntad, que debes apartar de ti ese orgullo, y darte cuenta que si Cristo pudo aguantar todo insulto en completa obediencia a la voluntad del Padre tú tambien tienes que vivir y regirte por esa misma obediencia.

 
Resumen

Cuidadosamente note que a menos que tú trabajes todos estos pasos—ya sea através de la sicoterapia, ya sea através de la oración y purgatorio espiritual—es casi imposible vivir una vida de humildad genuina. Tú no podrás rendirle a Dios tu dolor y sufrimiento completamente si permaneces aferrado, en lo profundo de tu corazón, a mecanismos de defensas sicológicas que te escudan precisamente de ese dolor. ¿Como puedes decir que confías en Dios si siempre te proteges usando tus propias mañas? En el pasado, en particular cuando eras niño, la culpa, el resentimiento y la ira, pudo haber servido para asegurar tu supervivencia, enmascarando tu dolor y vulnerabilidad; pero en realidad, estas cosas son totalmente opuestas al amor cristiano.

Letanías de la Humildad 

 

 

UN ermitaño tenía el don de Dios de arrojar espíritus malos. Una vez pidió conocer a que le tenian más temor y que les obligaba a huir.

“¿Quizá es el ayuno?” le preguntó a uno de ellos.

“Nosotros,” respondió el espíritu malo, “jamás comemos ni bebemos nada”.

“¿Vigilias sin dormir, entonces?”

“Nosotros nunca dormimos”.

“¿Huir del mundo?”

“Supuestamente, es una cosa importante. Pero nosotros pasamos la gran mayoría de nuestro tiempo vagando por los desiertos”.

“Le imploro que confiese que es lo que lo puede vencer,” insistió el anciano.

El espíritu malo, obligado por una fuerza sobrenatural, fue presionado a responder, “Humildad—la cual nunca podemos derrotar”.

Los Antiguos Padres del Desierto: Sección 1
V Rev Crisóstomo, trad

 

Traducido por Anne P.

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